Foto creada por IA y Cibeles
Estaba sentada, mirando el televisor, era veinticuatro de junio del 2026, acababan de difundir una noticia insólita de Venezuela. Acababa de ser sacudida en menos de un minuto por dos terremotos gemelos, todo parecía muy difuso, emitían imágenes del mismo edificio que había colapsado con diferentes ángulos, fue como un bombardeo visual, mediático, enseñando,“ más de lo mismo”. Durante toda la tarde, llenando la parrilla horaria con la poca información que les llegaba a tiempo real, a veces dudé de la noticia, era tan desconcertante, dudar es sano si tu duda intuye un pensamiento crítico. Hablaban sin saber, pero tenían qué hablar de algo… escogen a personas con o sin nociones sobre los movimientos sísmicos, de las placas tectónicas, en realidad, no había información de lo sucedido a tiempo real, me pregunté cuál terminaría siendo el relato oficial porque del dicho al hecho hay mucho trecho. El poder de los medios de comunicación como información y la desinformación, no tiene precio, al desprecio del que puede, paga y manda. Hay trabajos que implican códigos deontológicos y límites. Los periodistas, tienen qué ser objetivos ante un hecho real sin obviar ni manipular al servicio del pueblo, a la hora y ante una emergencia, la información, debe ser vital real y objetiva pero el ser lacayo de una editorial por dinero o por qué lo diga la burocracia de las políticas y sus partidos, sin sentido común, ni mirada crítica, desembocan a la tragedia siempre habrá alguien qué tergiverse u omita, encima, de la libertad la moral y su ética, y eso no tiene precio. Porque a la vida, quién le pone precio es esclavo del don dinero y su poder de no disponer, de conciencia y alma tiene. Empecé pensar en la Dana y en los desastres naturales causados por el hombre, como los incendios, abrir una compuerta, a la hora de colapsar, lo que “llega a de ser de cruel la naturaleza”, sì es física y amoral pero el humano… ¿qué es inmoral? Yo no lo sé, pero si lo que observo. La naturaleza cuando destruye reconstruye y el humano se limpia la conciencia con un montón de papeles de su injusta, justicia burocrática injusta, para limpiar de su conciencia o cerrar los ojos y atarse las manos diciendo que es la justicia ni es moral ni ética depende de la persona que se juzga del juez, el juzgado, cuántas cabezas de turco deben haber en la culpa buscando las verdades que se derramaron por el bien de una mentira, que causó desgracias.
Cibeles

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