6 de maig del 2026

Culpa y Curación. Entre el Miedo y la Libertad.

 

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Hace unos días, mi psiquiatra me comunicó que se había decidido mi ingreso en la unidad de hospitalización de subagudos del Centro de Salud Mental de Arenys de Munt. Inicialmente, se había considerado el Hospital de Mataró como posible opción, pero después de una evaluación detallada, se concluyó que los beneficios del tratamiento allí no coincidirían con mis necesidades actuales.

La noticia de este ingreso ha desatado en mí una variedad de sentimientos contradictorios, siendo los más predominantes el miedo y la culpa. El miedo se debe, en primer lugar, a lo desconocido; a un entorno nuevo que no puedo anticipar ni controlar. El miedo a enfrentarme a lo que se percibe como un “abismo”, al dejar atrás una vida cotidiana conocida y sumergirme en un tratamiento intensivo.

La culpa, por otro lado, surge de la creencia errónea de que al ingresar en el hospital estoy abandonando a las personas más cercanas a mí, aquellos seres queridos que forman mi círculo cercano. No puedo evitar pensar que, al tomar esta decisión, estoy dejándolos solos, sin tener en cuenta que este ingreso es, de hecho, una medida necesaria para mi bienestar mental y emocional. Sin embargo, el sentimiento persiste, arraigado en la idea de que debo anteponer el cuidado de otros a mi propio bienestar, como ha ocurrido en muchas etapas anteriores de mi vida.

Este sentimiento de culpa es también alimentado por lo que algunos profesionales de la salud han diagnosticado como “síndrome de Estocolmo”, término que en su sentido clínico hace referencia a la relación psicológica que se establece entre una víctima y su captor, en donde la víctima desarrolla una afinidad y empatía hacia la persona que la mantiene bajo su control. Aunque en mi caso no haya existido una situación de secuestro físico, podría decirse que he vivido, desde mi infancia, un “encierro a medio gas”, en el que, si bien he tenido la libertad de salir de casa para ir a la escuela, mi vida estaba profundamente influenciada y controlada por los deseos de mis progenitores. En términos psicológicos, esto podría encajar con lo que se denomina “control parental excesivo” o “pertenencia emocional tóxica”, en la que el hijo/a se siente constantemente subordinado y sin espacio para el desarrollo autónomo.

A medida que he crecido y he adquirido conciencia de mi situación, he comenzado a identificar patrones que antes no era capaz de reconocer. Este tipo de control paternal no solo limitaba mis acciones, sino que afectaba profundamente mi bienestar emocional, al no permitirme una expresión libre de mis pensamientos y sentimientos. A este fenómeno, los psicólogos lo pueden asociar con la “falta de autonomía emocional”, lo que genera un impacto negativo en la autoestima y la independencia psicológica de la persona afectada.

Hoy en día, con la ayuda de profesionales en Salud Mental, he comprendido que este comportamiento de mis padres, aunque quizás inconsciente, no solo fue dañino, sino que debí haberlo cuestionado mucho antes. Esta comprensión me lleva a una mayor aceptación de que mis decisiones, por difíciles que sean, deben ser tomadas desde una perspectiva de autocompasión y no desde el remordimiento.

No obstante, lo más difícil de este proceso es la sensación de pena que sigo sintiendo hacia las mismas personas que, en gran medida, fueron responsables de mi sufrimiento emocional. A pesar de que reconozco las heridas que dejaron, una parte de mí continúa colocando sus necesidades y sentimientos por encima de los míos. Este fenómeno es conocido en psicología como “condiciones de valía” o “culpa internalizada”, en donde el individuo cree que solo es “bueno” o “merecedor” de amor si satisface las expectativas ajenas, incluso a costa de su propio bienestar.

Quizás por todo lo anterior, la necesidad del ingreso hospitalario se hace más evidente. En un contexto clínico, se denomina “ingreso involuntario” cuando una persona requiere tratamiento psiquiátrico y el entorno doméstico o social no es lo suficientemente seguro o adecuado para el tratamiento adecuado. Este tipo de ingreso se orienta a ofrecer un “descanso mental” en el que se puedan realizar intervenciones terapéuticas más intensivas, proporcionando al paciente un espacio seguro para procesar sus emociones y pensamientos sin la interferencia de factores estresantes externos.

Sin embargo, la separación física de mi entorno, que podría ser vista como una oportunidad de sanación, también me causa una angustia considerable. Siento que este distanciamiento, aunque necesario, también me convierte en una “mala persona” por alejarme de los que, según la lógica social, deberían ser mis principales responsables emocionales. Este es un ejemplo claro de la dicotomía emocional que caracteriza muchas de mis reflexiones actuales, donde se manifiestan los extremos del “todo o nada”, una dinámica que suele ser característica de trastornos como el trastorno límite de la personalidad (TLP), en el que los sentimientos de abandono y la percepción distorsionada de las relaciones interpersonales juegan un papel importante.

Al final, el proceso de aceptar este ingreso como una opción de cuidado para mí misma, más que como un acto de abandono hacia mis seres queridos, me lleva a confrontar una verdad dolorosa pero liberadora: no puedo continuar anteponiendo el bienestar de los demás a costa de mi salud mental. Es un paso necesario, aunque angustioso, en el camino hacia la curación.

Cougar

3 comentaris:

  1. Tu escrito refleja un dolor muy profundo, pero también una gran lucidez sobre lo que has vivido y lo que necesitas ahora. Ingresar no te convierte en alguien egoísta ni en una mala persona; pienso que es al contrario; un acto de valentía y de cuidado hacia una parte de ti que lleva demasiado tiempo sosteniendo más de lo que podía. Y aunque ahora haya miedo y culpa, también se percibe un deseo real de empezar a elegirte a ti mismo/a sin sentir que eso significa abandonar a los demás. Mucha fuerza y ánimo!.

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  2. El ingreso en una unidad de recuperación en muchas ocasiones es un medio para gestionar mejor la situación en la que te encuentras actualmente , yo te hablo desde la experiencia personal ,para mí fue un parón necesario en mi vida , es como recalcular la ruta que llevas, tienes tiempo de reflexionar y pensar y cuidarte sobre todo.
    Animo y recalcula tu vida con esta ayuda.

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  3. En ocasiones un ingreso ayuda a hacer un parón, y poder hacer un reset ante tanto malestar e inestabilidad. Pararse y reflexionar nos ayuda a saber como estamos y poder ir avanzando. Tómate este ingreso como una parte del proceso de recuperación para poder continuar sosteniéndote y avanzar. Mucha fuerza.

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